Parece que adaptarse se ha convertido en nuestra palabra favorita últimamente.
Todo empezó con un viaje que llevábamos unos meses soñando, desde que nos encontramos en verano con Javi y compañía. Queríamos conocer Liming, en China, ese paraíso de fisuras del que tantas veces habíamos visto en fotografías y nos había enamorado. Sin embargo, poco antes de salir descubrimos que el gobierno había comenzado a desequipar y a prohibir la escalada en la zona. De repente, un destino que parecía perfecto dejó de ser una opción.
Tocaba adaptarse.
Cambiamos los vuelos y pusimos rumbo a otro sueño: Wadi Rum, en Jordania. Pero el mundo atraviesa un momento demasiado convulso. Las guerras y los genocidios siguen recordándonos que hay realidades infinitamente más importantes que nuestros planes de vacaciones. Desde aquí solo podemos expresar nuestro rechazo a toda forma de violencia y nuestro deseo de que algún día la vida y la dignidad de las personas estén siempre por encima de cualquier conflicto.
Así que, con la perspectiva de que lo nuestro no dejaba de ser un problema del primer mundo, volvimos a adaptarnos una vez más.
Esta vez la solución estaba mucho más cerca: cargar la autocaravana y recorrer la península en busca de unos días de sol, roca y tranquilidad. Nuestro destino fue Peneda-Gerês, en Portugal, un lugar que ya habíamos visitado anteriormente y que nos había dejado un recuerdo tan bueno que merecía una segunda visita.
Y qué suerte tuvimos.
El primer día nos reencontramos con Marco, que nos dedicó tiempo y nos ayudó muchísimo a entender mejor la zona. Nos explicó cuáles eran las vías más recomendables y cuáles no eran tan practicables, al menos para nosotras. Ese tipo de ayuda marca la diferencia cuando llegas a un lugar nuevo y demuestra, una vez más, la generosidad que tantas veces encontramos dentro de la comunidad escaladora.
También queremos aprovechar para agradecer el trabajo de todas las personas que abren vías y de quienes las mantienen. Es una labor inmensa, muchas veces silenciosa e invisible para quienes simplemente llegamos a disfrutar del lugar durante unos días. Sin ese esfuerzo, muchos de estos rincones no existirían tal y como los conocemos.
Nosotras solo podemos devolver una pequeña parte de ese trabajo compartiendo nuestra experiencia.
Estas son las vías que pudimos escalar durante nuestra visita:






































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